El Pueblo Creyente y la Iglesia Autóctona de Chiapas; un sujeto histórico que lucha por la liberación

Esta es la historia de un pueblo de Chiapas. De esta provincia que se independizó de Guatemala y por voluntad se anexionó a México. Un territorio maya que resiste en el tiempo, a pesar de la condena de vivir bajo opresión colonial; en constante lucha por no a verse obligados a ser víctimas de la historia. Pueblos perseverantes a sobrevivir y hacer vida.

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La relación de explotación entre pueblo conquistador y pueblo colonizado que se construyó en Chiapas posterior a la conquista europea, no pasó en paz siempre, ya que continuamente existieron rebeliones indígenas. Como la de Cancuc en 1712 o la de Chamula en 1869. Sin embargo, las revueltas no lograron realmente transformar estructuralmente las relaciones entre indios y españoles. La sociedad colonial prevaleció en el tiempo, manteniendo pues a los pueblos indígenas marginados, explotados, empobrecidos.

A mediados del siglo XX comienza una vertiginosa transformación en las comunidades de Chiapas. Uno de estos procesos tiene relación con la llegada de Samuel Ruiz en 1960 como obispo de la entonces diócesis de Chiapas, con sede en San Cristóbal de Las Casas, nombre que lleva en honor a Fray Bartolomé de Las Casas, su primer obispo, conocido también como defensor de los indios.

La década de los sesenta marca un parteaguas en la historia del catolicismo, ya que es tiempo en el que termina también el concilio Vaticano II, un proceso determinante en la forma en que la Iglesia de Chiapas verá su trabajo pastoral y social.

A partir de lo discutido en el Concilio, así como en la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín (CELAM), y el paulatino encuentro con movimientos sociales, emerge una nueva perspectiva pastoral que proviene de una reformulación teológica que intenta reconstruir la Iglesia desde su interior.

Esta nueva perspectiva será luego conocida por amplios sectores como Teología de la Liberación. Una corriente católica que buscó redefinir los campos de acción y reflexión, de la Iglesia y el trabajo pastoral. Trabajar desde abajo, mediante el análisis y la reflexión. Para tratar de posicionarse en las luchas y discusiones, del emergente y confuso Siglo XX de pos guerra.

En concordancia con esta corriente, la diócesis de San Cristóbal desde su “opción preferencial por los pobres” planteó que la pobreza en la que se ve sumida la población indígena es un problema estructural. Considera que los indígenas han sido objetos de la historia, empobrecidos a partir de un sistema injusto que los ha mantenido oprimidos y los ha despojado de sus bienes originales.

La pastoral de la liberación sitúa como eje de sus acciones el influir en la transformación de las sociedades indígenas para propiciar que se conviertan en sujetos y ya no objetos de su historia, lo que considera significa luchar por la liberación.

El giro en la acción pastoral llevó a la creación de toda una estructura de trabajo entretejida hasta y desde lo profundo de las comunidades, a través de una inmensa red de catequistas y diáconos provenientes de las mismos pueblos, que fueron guiados en la máxima de que la Palabra de Dios se tendría que interpretar y vivir en la cotidianidad social y religiosa de los pueblos originarios, que lo que impulsó un más profundo análisis de la realidad y la cercanía con la teoría social y la reflexión crítica.

Esto generó, entre muchas otras cosas, el acercamiento de la Diócesis hacía el pueblo pobre y oprimido, uno que pronto se convirtió en un pueblo animado para buscar la liberación.

Este impulso organizativo tuvo su florecimiento en octubre de 1974 cuando se organizó en la ciudad de San Cristóbal el “Congreso Indígena Fray Bartolomé de Las Casas”. Allí, las distintas etnias chiapanecas pudieron hablar por primera vez de la problemática social que las aquejaba. A partir de las discusiones que tenían como ejes: tierra, comercio, educación y salud; ch´oles, tojolabales, tseltales y tsotsiles se descubrieron mutuamente como semejantes, a partir de un nexo común: la problemática que los mantenía como sociedades marginales.

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Se comenzó a hablar entonces de pueblos herederos de los mayas, despojados y empobrecidos por las estructuras sociales injustas a las que han sido sometidos. El congreso se dio bajo la consigna de que “los pueblos mismos tienen que ser Fray Bartolomé”, es decir, generar las condiciones para que ellos mismos pudieran defenderse de las injusticias.

Había germinado la semilla de un pueblo que lucha por su liberación a partir de un proceso organizativo, espiritual e identitario. Que se da a la tarea de construir una Iglesia autóctona, con un propio proceso civilizatorio, con una teología propia, la teología india. Un pueblo que se vuelve sujeto de su historia, que se forma y ejercita su capacidad de análisis, de acción y de organización.

Así transcurren los ochenta e inicios de los noventa en Chiapas como un momento de efervescencia política y mucha represión. En este contexto, para 1991 nace el “pueblo creyente”, un movimiento que aglutina diversas organizaciones y grupos religiosos que reivindican una identidad cristiana y que coordinan acciones conjuntas para denunciar las injusticias y defender los derechos de los pueblos indígenas.

Más adelante, para la conmemoración de los 500 años del inicio de la colonización europea en el continente, los pueblos organizados de Chiapas realizan una masiva muestra de fuerza en las que la identidad maya floreció y permitió a las organizaciones sociales percibirse como un movimiento de resistencia indígena de larga duración.

Así, el movimiento social en Chiapas crece en capacidad de acción. Es en esta coyuntura en la que amanece el año de 1994; en vísperas de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), declara la guerra al Estado y al Gobierno mexicano, toma 5 cabeceras municipales, y se presenta como una fuerza política masiva, y con un gran apoyo de la sociedad civil nacional e internacional.

El pueblo creyente como parte de la sociedad civil organizada apoyó las demandas del EZLN, al igual que muchos de los movimientos indígenas, que encontraron resonar en el zapatismo un común denominador en su lucha por la tierra, la dignidad, la democracia, la justicia y el reconocimiento de los derechos indígenas.

Este es un clímax en el proceso organizativo de los pueblos de Chiapas. Amplios sectores del pueblo creyente apoyó en los cinturones de paz y participando en los diálogos y consultas que buscaban proponer salidas al conflicto. La diócesis participó también como mediadora hacia la paz, encabezando la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI).

Posteriormente en los diálogos de San Andrés, el pueblo creyente se sumó activamente al gran encuentro de la sociedad Civil que se volcaba para dialogar en búsqueda de propuestas políticas para reformular la relación entre el estado mexicano y los pueblos indígenas. De los diálogos resultan Los Acuerdos de San Andrés, que plantean la idea de autonomía como camino para lograr que los pueblos indígenas retomen el control de su territorio y el derecho a su vida como pueblos.

Pero para el gobierno San Andrés resultó ser una simulación, ya que mientras los representantes del gobierno mexicano se sentaban a dialogar, el Estado comenzó la implementación de una estrategia contrainsurgente descrita como “guerra de baja intensidad” que consiste en “intentar matar al pez quitándole el agua”, es decir, destruir el movimiento insurgente haciendo que la sociedad, no sólo deje de apoyarlo, sino que busque acabar con él mediante sus propias manos.

Es así como surgen diversos grupos paramilitares en diferentes regiones del estado; grupos que harán el “trabajo sucio”, bajo la sombra de la impunidad.
Uno de los hechos más representativos de esta cara del conflicto es la masacre de Acteal del 22 de diciembre de 1997, cuando fueron brutalmente asesinadas 45 personas y 4 aún no nacidas, mientras llevaban a cabo ayuno y oración en una ermita.

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Pero quizá el arma más usada en esta guerra integral de desgaste es la compra y la división, principalmente impulsada a través del gobierno en turno y los partidos políticos, mediante la utilización clientelar de programas de gobierno y recursos del Estado.

Como mencionó uno de los participantes del Congreso Pastoral Diocesano de la Madre Tierra, celebrado a 40 años del congreso Indígena del 74. “Es fácil ver cuando el poder te oprime con la represión y la violencia, pero es difícil verla cuando te seduce con su dulce: el placer y la comodidad. El gobierno te da tu apoyo, tu migaja, pero porque también usa a los indígenas; para vender sus culturas, su folklor. Pero mientras con unos se toma una foto, asesina, hostiga, amenaza a los otros indígenas”.

Pero a pesar de tantas injusticias y sufrimientos el pueblo creyente no ha dejado de organizarse, como movimiento, y a partir de las organizaciones y colectivos que lo componen. Continúa con su trabajo organizativo y su ejercicio de análisis de la realidad, lo que le da capacidad de acción a partir de una mirada estratégica.

Realizan diversas peregrinaciones denunciando las injusticias que sufren como pueblos, además de continuar con sus encuentros y diálogos. Se organizan para la construcción de autonomía, para el trabajo con respeto de la madre tierra, para la liberación de sus presos, para la defensa de la tierra y el territorio, para recordar a quienes les han antecedido en esta lucha.

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Continúan el camino trazado de la liberación del pueblo. Tal y como nos lo mencionan en su comunicado leído en la peregrinación del 25 de enero pasado:

“Como pueblo creyente nos organizamos y peregrinamos para mantener la memoria histórica de la lucha por la vida de nuestros ancestros, de Tatik Samuel, de nuestras hermanas y hermanos de Acteal y de muchos otros mártires de nuestra diócesis y de nuestra sociedad.

Peregrinamos para manifestarnos en contra de todo aquello que da muerte y enfermedad como son los megaproyectos, la explotación en minas, las presas, las nuevas reformas estructurales, el saqueo de los recursos naturales. Nos manifestamos pacíficamente, denunciando la corrupción e impunidad de las autoridades, la venta y el consumo de alcohol y droga, el despojo de nuestras tierras, los programas gubernamentales, que nos hacen muchas veces dependientes, nos empobrecen y dividen.

Nos solidarizamos con los que sufren, con los desplazados, con los migrantes, con los más pobres, con los excluidos, con los injustamente presos, con los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y las más de 100 mil víctimas de esta guerra contra el crimen organizado.

Peregrinamos junto con los movimientos en defensa de la vida y el territorio, con los esfuerzos de autonomía, justicia y paz de nuestros hermanos y hermanas del EZLN y de otras organizaciones, con os pueblos marginados, con los necesitados que sufren atropellos y violencia, con los pueblos organizados y con otras iglesias que buscan la vida del pueblo.

Queremos construir una sociedad más consciente, más solidaria, en la que se respire tranquilidad, en la que se respete a la familia, en la que los que ejercen un cargo respeten la voz y las decisiones de los pueblos, en el que exista el respeto y la igualdad entre hombres y mujeres, entre los distintos credos religiosos, lenguas y culturas. Un mundo de paz, unidad, igualdad, justicia, armonía, misericordia y dignidad”.

Lo que vemos en Chiapas con el proceso de la iglesia organizada es la construcción de un sujeto histórico de lucha. Un pueblo pobre, que ha hecho conciencia del origen de su situación de opresión y ha emprendido un proceso de organización para transformarla. Pueblos despiertos, que defienden la vida y su territorio, que defienden a sus hermanos y hermanas de las injusticias que vienen desde arriba. Que construyen una vida nueva, en la que se viva con Libertad, Democracia, Justicia, Paz, y Dignidad.

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MÁS INFORMACIÓN:

Qué es el pueblo creyente:
http://komanilel.org/2013/01/18/pueblo-creyente-anuncia-peregrinacion-en-chiapas/

Información del pueblo creyente de Chiapas:
http://komanilel.org/?s=pueblo+creyente

Memoria viva; información sobre la ceremonia al fallecimiento de Samuel Ruiz:
http://komanilel.org/2012/01/24/en-memoria-jtatik-samuel-ruiz-garcia/

En esta hora de Gracia; Carta Pastoral escrita por Don Samuel Ruiz García en 1993:
http://komanilel.org/BIBLIOTECA_VIRTUAL/En_esta_hora_de_gracia.pdf

Una nueva hora de Gracia ; Última carta Pastoral escrita por Don Samuel Ruiz García en 2004:
http://komanilel.org/BIBLIOTECA_VIRTUAL/Una_nueva_hora_de_gracia.pdf

El Sucesor de Fray Bartolomé de las casas; Entrevista realizada en los 60 por el antropólogo Fernando Benítez al Obispo Samuel Ruíz
http://komanilel.org//BIBLIOTECA_VIRTUAL/El%20sucesor%20de%20Fray%20Bartolome%20de%20las%20Casas.pdf

El encuentro de los mayas de Chiapas con la teología de la liberación; Artículo de Jan de Vos escrito en 1997
http://komanilel.org//BIBLIOTECA_VIRTUAL/El%20encuentro%20de%20los%20mayas.pdf

“La vuelta del Katún; Chiapas: a veinte años del Primer Congreso Indígena” artículo de 1995, de Antonio García de León:
http://www.revistachiapas.org/No1/ch1leon.html

A 40 años del “Primer Congreso Indígena de Chiapas Bartolomé de Las Casas”:
http://komanilel.org/2014/01/18/a-40-anos-del-primer-congreso-indigena-de-chiapas-bartolome-de-las-casas/

Escucha programa de #RADIO sobre la Rebelión de Cancuc:
http://komanilel.org/2010/08/11/leer-la-historia-rebelion-de-cancuc/

Brevísima relación de la destrucción de Las Indias:
http://www.ciudadseva.com/textos/otros/brevisima_relacion_de_la_destruccion_de_las_indias.htm

Checa: Más información sobre los diálogos de san Andrés:
http://komanilel.org/2014/02/17/san-andres-y-el-dialogo-pendiente-a-18-anos-de-los-acuerdos-de-sakam-chen/

Checa: Documental a 10 años de la masacre de Acteal:
http://komanilel.org/2010/04/20/acteal-10-anos-de-impunidad-y-cuantos-mas/

Checa: Más información sobre el movimiento en defensa de la vida y el territorio:
http://komanilel.org/2014/09/23/video-rechazo-total-a-la-super-carretera-san-cristobal-palenque/