[REPORTAJE] EZLN: engañar a la muerte y renacer

Notas: el siguiente texto y fotografías están publicadas bajo una licencia Creative Commons, Atribución, no comercial. Copia, reproduce y distribuye; sin fines comerciales y citando autoría de subversiones.org Las fotografías son analógicas digitalizadas. Este trabajo es fruto de nuestra pequeña participación como escuchas en los eventos realizados el 24 de mayo de 2014 en La Realidad, en el Municipio Autónomo Rebelde Zapatista San Pedro de Michoacán, Chiapas. Para conocer la voz de los zapatistas; sus convocatorias, cartas, comunicados y denuncias, te recomendamos visitar Enlace Zapatista.


Es nuestra convicción y nuestra práctica
que para rebelarse y luchar no son necesarios
ni líderes ni caudillos ni mesías ni salvadores.
Para luchar sólo se necesitan un poco de vergüenza,
un tanto de dignidad y mucha organización.

—EZLN, 2014

El pasado 2 de mayo, Jose Luis Solís López –cuyo nombre de lucha es Galeano– fue asesinado por integrantes de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos Histórica (CIOAC-H), militantes del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido Acción Nacional (PAN). Esto sucedió luego de que intentara prestar auxilio a sus compañeros zapatistas, quienes fueron emboscados por miembros de la CIOAC-H mientras se dirigían a la sede de la Junta de Buen Gobierno (JBG) del Caracol 1, con sede en La Realidad.

Representantes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, A.C. (Frayba), que se encontraban en el lugar de los hechos –a petición de todos los involucrados– tratando de mediar en lo que en principio parecía una disputa por el uso de un banco de grava, documentaron puntualmente cómo a Galeano le dieron tres tiros con un arma calibre .22: uno en la pierna derecha, otro a la altura del tórax y uno más en la parte posterior del cráneo; además de varios golpes de garrote en la espalda, parte de la cabeza y un machetazo en la boca.

La mayoría de los medios comerciales –poco dados a investigar a profundidad y entregados a mentir de manera descarada– presentaron el hecho como un enfrentamiento entre militantes de organizaciones antagónicas. Pero lo cierto es que el muerto y los heridos los pusieron las bases de apoyo zapatistas, cosa que resultaría inexplicable si aceptáramos el argumento de que el conflicto escaló porque todos los involucrados estaban armados. Dicha aseveración fue desmentida a los pocos días por la propia JBG a través de un comunicado en el que además de denunciar el asesinato, se hizo un recuento de sus heridos, tanto por golpes de piedra, garrote o machete, como por balas calibre .22; recalcando que todo fue consecuencia de un ataque preparado con alevosía y no de una confrontación. Integrantes de la CIOAC-H también destruyeron varios vehículos, así como una escuela-clínica en la que maestros –como el propio Galeano– y promotores de salud zapatistas prestaban sus servicios; desmantelando así, infraestructura clave para el fortalecimiento de varios proyectos de autonomía.

Retrato de un zapatista. Galeano fue sargento del EZLN, participó en el Consejo Autónomo de su municipio rebelde y fue docente en la Escuelita. Por su conocimiento y compromiso, era candidato a la JBG para el periodo 2014-2018.

Por su parte, la dirigencia de la CIOAC-H se limitó a difundir un comunicado, en donde se deslindó de los hechos sin aportar mayores datos sobre el supuesto enfrentamiento. La CIOAC-H es lo que hoy queda de una otrora combativa organización, ligada a partidos de corte socialista y comunista, cuyos miembros decidieron mantenerse al margen de la rebelión indígena y campesina iniciada por el EZLN. Esto les fue reconocido por los sucesivos gobiernos estatales y federales, en el marco de un proceso contrainsurgente que implicó comprar y corromper a sus líderes, otorgándoles diversos cargos y prebendas, así como utilizar a sus militantes como ariete contra el proyecto autonómico zapatista. Para estos –como bien apuntó el Subcomandante Marcos– hostigar a los zapatistas es un negocio.

Los integrantes de la CIOAC-H no han sido los únicos que han decidido tomar ese camino. Al revisar la historia reciente del sureste mexicano, uno se encuentra con las siglas de varias organizaciones indígenas y campesinas que han virado hacia el paramilitarismo, al caer en la tentación de engarzarse con el gobierno, fortaleciendo las estrategias contrainsurgentes del mismo. Esta forma de operar, si bien en un principio las llena de recursos materiales, a la larga las sume en un descrédito frente a las comunidades, del cual es imposible recuperarse. Mientras que el proyecto político y social del EZLN, a pesar del hostigamiento y golpeteo constante al que es sometido, se consolida cada vez más.

Ellos somos nosotros: aprender a dirigir la mirada

Para esclarecer el asesinato y tomar medidas que conllevaran a hacer justicia, la JGB solicitó la intervención de la Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la cual, además de realizar las pesquisas correspondientes, reafirmó la denuncia pública –a través de la carta titulada El dolor y la rabia– y pidió a todos sus aliados que realizaran muestras de solidaridad. En esa misma misiva, se avisó de la cancelación de dos eventos a los que habían convocado en días previos: un encuentro con los miembros del Congreso Nacional Indígena (CNI), y un homenaje póstumo al filósofo Luis Villoro, quien mantuvo en vida una interlocución profunda con el zapatismo.

Dicho llamado tuvo eco en las más diversas geografías. Si se revisa la sección de Enlace Zapatista encargada de recopilar muestras de apoyo y saludos, se pueden conocer las acciones de protesta realizadas en Buenos Aires, Barcelona, Madrid, Córdoba, Valencia, Valladolid, Bilbao, Segovia, Murcia, Atenas, Milán, Roma, San Paulo, Los Ángeles, San Francisco, Chicago, San Diego, Seattle, Nueva York, Düsseldorf, Wuppertal, Ontario, Londres, París, Guatemala, Tijuana, Zacatecas, Celaya, Chihuahua, Morelia, Tlaxcala, Cholula, Puebla, Morelos, Colima, Oaxaca, Huitzilepec, Guerrero, Querétaro, Estado de México y Distrito Federal; entre otras ciudades.

Un escucha se asegura de que los mensajes compartidos por los zapatistas en sus reuniones, lleguen a sus pueblos, regiones y zonas. Los jóvenes que desempeñan dicho papel suelen entender varias lenguas, tener buena memoria y habilidades para la expresión.

Posteriormente, en la carta Fragmentos de La Realidad, el Subcomandante Marcos anunció la realización de un homenaje a Galeano, a celebrarse en dicho pueblo el 24 de mayo. La carta habla de la importancia de dar el pésame a la familia y al pueblo zapatista, así como del compromiso de asistir como escuchas.

Con este antecedente, la comandancia del ejército indígena enfatizó que los medios comerciales no estaban invitados al evento, señalando que «ni los vamos a recibir», e invitó a compañeros y compañeras de medios de comunicación adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (La Sexta), a «medios libres o alternativos o autónomos o como se diga» a ser testigos y difusores de los mensajes.

Desde un día antes del homenaje, bases de apoyo de los cinco caracoles que conforman el territorio zapatista, se encontraban ya en La Realidad. La #CaravanaGaleano –nombrada así en honor al compañero asesinado– llegó alrededor de las 8 de la mañana del día estipulado. Estaba integrada por representantes pueblos indígenas de varias partes del país, organizaciones sociales rurales y urbanas, medios libres, ex alumnos de la Escuelita Zapatista, e individuos solidarios; en su mayoría adherentes a La Sexta.

Renaceres

Al interior del caracol, milicianos uniformados con pantalones en distintos tonos de verde, camisa café, paliacate rojo al cuello, gorra verde y un palo colgado de la cintura, se mantenían en posición de descanso formando entre todos un cuadrado, custodiando la cancha de basquetbol que junto a una explanada de tierra, conforma el centro del espacio.

Hacia el medio día, alrededor de tres mil zapatistas con el rostro cubierto comenzaron a movilizarse para formar varias filas a lo largo de dicha cancha. La gente de la caravana comenzó a acercarse para ocupar un lugar en las bancas y participar como observadores. Entre los miles de zapatistas de todas las edades, resaltaban las mujeres con vestidos tzeltales multicolor, otras con bebés en brazos. Todas y todos sostuvieron con gran disciplina la formación durante una hora, mientras sus compañeras y compañeros seguían tomando posición, bajo el sol del medio día. A pesar de que las nubes protegían un poco de los rayos solares, el calor y la humedad eran intensos.

Insurgentes de distintos rangos y bases de apoyo, portaban un listón negro en señal de luto y fuerza, y uno de color que los distinguía como pertenecientes a un caracol. Después de una serie de maniobras de carácter militar, que incluyeron la orden de colocarse un parche sobre el ojo derecho –para mirar desde la izquierda, como nos lo señaló uno de los compas–, los milicianos comenzaron a marchar marcando el paso. Se escuchó entonces por el sistema de sonido una melodía de guitarra y la voz de Mercedes Sosa cantando “Como la cigarra” de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando».

Mientras la fila de milicianos se desplazaba lentamente hacia el perímetro de la explanada de tierra, por el lado derecho montado en un alazán, entró a la escena el Subcomandante Insurgente Marcos, quien no se mostraba publicamente desde hace cinco años. En su indumentaria destacaban algunos elementos inusuales: de su espalda colgaba un machete corto; portaba también un parche, adornado con una calavera cruzada por dos tibias (sí, como las banderas piratas); llevaba la mano izquierda enfundada en un guante negro, estampado con un dibujo que emulaba la estructura ósea de la misma; y un distintivo de líneas rojas con un moño negro rodeaba su brazo izquierdo.

Cabalgó unos momentos por la explanada mientras intercambiaba miradas con los presentes, ofreciendo saludos y gestos, como el de levantar el dedo medio de la mano izquierda. Entraron entonces por el lado izquierdo, igualmente montados a caballo, siete comandantes zapatistas, entre los que se encontraban el Subcomandante Moisés y el Comandante Tacho. A diferencia de los demás integrantes de la estructura militar del EZLN, ellos se presentaron con los ojos descubiertos. Cabalgaron hasta encontrarse en el centro del espacio con el Sup, quien después de saludarlos, dio paso atrás para quedar en segundo plano. Los comandantes entonces se alinearon frente a la gente de La Sexta y realizaron un saludo militar; acto seguido dieron media vuelta e hicieron otro igual a las bases de apoyo. De fondo sonaba “Latinoamérica” de Calle 13.

Toda esta escena, tan cargada de símbolos y en la que –como ya es usual en los actos del EZLN– nada estaba dejado al azar, anticipaba las noticias y anuncios que se nos darían a medianoche: la desaparición del Subcomandante Marcos (como personaje), el relevo militar dentro de la organización, la consolidación de una vocería netamente indígena, y finalmente, el llamado amplio a seguir organizándose y luchando.

Jinetes zapatistas

¡No están solos!, corearon cientos de asistentes al evento, una y otra vez, ansiosos de hacer palpable su solidaridad y de ser partícipes de la escena, no sólo espectadores. Los milicianos rompieron filas y corrieron hacia las orillas de la explanada. Se escuchó entonces una voz tranquila y queda en las bocinas. Parte del público comenzó a reclamar silencio para tratar de entender las palabras: «Les habla el compañero Subcomandante Insurgente Marcos».

El cuchicheo mermó. El Subcomandante Marcos anunció entonces que se abriría la señal de Internet para que los asistentes avisaran a su familia que llegaron bien y para que los medios libres enviaran «algún material». Con éste y otros comentarios lanzados desde lo que se presentó como «Radio Insurgente, la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional», la solemnidad que hasta ese momento había predominado se relajó. La demostración de fuerza y de solidaridad hacia un compañero asesinado contrastaba con la irreverencia y el humor. Aunque dicha combinación ha sido –junto con la poesía–, un elemento habitual en los discursos y los actos públicos del EZLN durante los últimos 20 años, incluso en las situaciones más delicadas.

Llamado plural

Un par de horas más tarde el Subcomandante Moisés retomó la palabra. En su discurso, mencionó el nombre y apellido de los asesinos de Galeano, no sin antes aclarar el carácter colectivo de la denuncia: «por mi voz habla el dolor y la rabia de cientos de miles de indígenas». También enfatizó que para los zapatistas lo más importante son las comunidades, no el ejército; y que si se estaba realizando un evento militar era porque la JBG «Hacia la Esperanza» de La Realidad solicitó expresamente que la comandancia asumiera las investigaciones del caso.

Zapatistas de todas las regiones e integrantes de la caravana formaron filas intercaladas, esta vez mirando hacia el templete. Los antes espectadores se entrelazaron con las bases de apoyo para atender juntos a las palabras emitidas por los oradores. Tal y como lo habían expresado en las comunicaciones previas al homenaje, fue palpable el inmenso dolor de perder a un compañero tan querido, en un acto deliberadamente cruel.

Las denuncias derivadas de las investigaciones del caso son múltiples. Se destacó que los integrantes de la CIOAC-H acceden a programas de gobierno federal y estatal presentándose como zapatistas; se criticó abiertamente la avaricia, corrupción e hipocresía de los políticos mexicanos de todos los niveles; y se señaló que los asesinos de Galeano van por la vida fanfarroneando sobre su participación en el asesinato.

Aquí les decimos, de nuevo a esos pinches malos gobiernos: No somos limosneros. No recibimos sobrantes de sus mesas. No buscamos ni recibimos migajas. Buscamos gobernarnos con nuestros pueblos de México, con Justicia, Libertad y Democracia. No somos las y los zapatistas que hablan con ellos. No hablamos con malos gobiernos hoy y siempre. No tenemos ni un tantito de confianza a ésos sin cerebro.

Con una narración muy clara y franca, el Subcomandante Moisés señaló que los asesinos de Galeano son gente que se vende por migajas y no repara en el ejemplo que le brinda a sus hijos e hijas, y que, además, son parte de una maquinaria que opera desde el gobierno para dañarlos también a ellos. Así, expresó que los «cioaquistas» son traicionados por sus propios cómplices. Tal es el caso de Florinda Santis, originaria de La Realidad y regidora del PAN en el municipio de Las Margaritas, quien ordenó el homicidio y luego, ella misma, mandó a detener a los asesinos con el fin de limpiar su nombre.

Sin embargo, lejos de conformarse con señalar nombres y apellidos de los autores materiales e intelectuales del homicidio, Moisés también señaló al capitalismo neoliberal como la raíz de todo este conjunto de males. Todo está escalonado: los paramilitares obedecen a mandos de Manuel Velasco Coello, gobernador de Chiapas; quien, a su vez, tiene como jefe a Enrique Peña Nieto; cuyo patrón es el capitalismo neoliberal.

Porque, lo que hicieron al compañero Galeano es mano del capitalismo y a cualquiera le hubieran hecho y asesinado a otros compañeros de este pueblo y así la tiene planeada los malos gobiernos en contra nuestra, como organización EZLN.

Terminado el discurso, se anunció una visita a la tumba del compañero caído, para lo cual se formaron filas por todo el caracol. Zapatistas de todas las regiones volvieron a poner en práctica su organización y paciencia, mientras que los demás visitantes permanecieron dispersos hasta antes de encontrarse con el embudo que formaba la fila para salir del caracol. Durante más de dos horas, tiempo suficiente para que cayera la noche, miles de asistentes caminaron hacia el patio de la casa donde vivía Galeano, en donde por voluntad propia descansa su cuerpo.

Foto: Xolotl

Cada zapatista recogió una piedra para dejarla sobre la tumba del compañero; destacaban las enormes rocas elegidas por los comandantes. Por su parte, algunos milicianos, al llegar al lugar, realizaban un saludo militar, frente al sepulcro de quien también ostentara el cargo de Sargento del EZLN. Finalmente, se encendieron velas debajo de las coronas de flores, mientras los últimos visitantes corrían para alcanzar a visitar la tumba sin retrasar las actividades, no sin antes poner su contribución en el enorme montón de piedras.

Desenterrar al compa Galeano y revivir en colectivo

A la medianoche los micrófonos volvieron a encenderse. Se habían acomodado hileras de sillas frente al templete; a los medios libres se les colocó en la zona frontal; en lo que se había anunciado como una conferencia de prensa por parte de la comandancia. En el escenario, seis comandantes zapatistas flanquearon la mesa en la que se acomodaron los que hasta ese momento eran subcomandantes del EZLN: Marcos y Moisés. En esta ocasión, éste último fungió como maestro de ceremonias y sin mayores preámbulos presentó al primero.

Durante una hora, el Subcomandante Marcos leyó una carta de 19 cuartillas. Desde el inició advirtió que esas serían sus «últimas palabras en público antes de dejar de existir», a lo que los asistentes respondieron con un silencio seco y atento. Empezó entonces el recuento de los años, así como la explicación y comunicación de algunas maniobras y decisiones colectivas. De todo lo que abordó, destacamos lo siguiente:

  1. Cultivar la vida. El Subcomandante Marcos recordó que frente a la guerra continuada, en la que desde hace siglos los de abajo resisten contra los planes de destrucción y muerte de los de arriba, las y los zapatistas decidieron cultivar la vida en vez de adorar a la muerte. Por ello, en vez de formar guerrilleros y soldados, prepararon promotores de educación y de salud; para levantar las bases de su autonomía y permitirles mejorar sus condiciones de vida. Reiteró que la lucha de los zapatistas es por la humanidad y contra el neoliberalismo, y que el camino para reconstruir la vida, no es uno que sólo andan los pueblos originarios sino también los trabajadores, estudiantes, maestros y jóvenes.
  2. RelevosLos relevos. Posiblemente el tema más determinante y notable a corto plazo. El primero de estos es el relevo de mando, es decir, el traspaso de la dirigencia militar y vocería del EZLN, de Marcos hacia el Subcomandante Insurgente Moisés. El segundo es el de raza, en el que la dirección del movimiento político y social queda en manos netamente indígenas. El tercero, estrechamente relacionado con el anterior, es el de clase, pues la dirigencia de origen clasemediero ilustrado es desplazada por una de origen campesino. El cuarto es el generacional, ya que jóvenes que han crecido dentro de la resistencia, viviendo y luchando por la autonomía zapatista, desde hace tiempo han tomado distintas posiciones dentro de la estructura militar y civil del ejército rebelde. Y finalmente, nombrado como el más importante, el que todos debiéramos asumir y practicar, «el relevo de pensamiento: del vanguardismo revolucionario, al mandar obedeciendo; de la toma del poder de arriba a la creación del poder de abajo; de la política profesional a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos; de la marginalización de género, a la participación directa de las mujeres; de la burla a lo otro, a la celebración de la diferencia».
  3. El surgimiento y muerte del personaje Marcos. El subcomandante se refirió a su personaje como «un truco de magia terrible y maravilloso, una maliciosa jugada del corazón indígena que somos», es decir, como una ilusión que dejaba a todos los amores u odios despertados por ella como un ejercicio estéril, alimentado por ese afán de ensalzar al individuo y menospreciar al colectivo. Con esta estrategia –dijo– desafiaron a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación. Marcos relató que su personaje, un «holograma» o «botarga», fungió, entre otras cosas, como un distractor que permitió ganar tiempo para que las comunidades y el EZLN avanzaran en su proceso interno. Ganar tiempo fue de vital importancia, ya que también les permitió realizar la búsqueda de aquel otro, aquella otra, que miraran de frente a los pueblos con mirada compañera. Mencionó que fue con La Sexta, –referida como la iniciativa más audaz del EZLN–, que encontraron a esos otros y otras, y que posteriormente les bastaron tres vueltas, es decir, tres cursos de “La libertad según las y los zapatistas” (La Escuelita), para darse cuenta de que ya había una generación que podía mirarlos de frente, escucharlos y hablarles sin esperar guía o liderazgo, ni pretender sumisión o seguimiento. Sucedido esto concluyeron que el personaje de Marcos ya no era necesario; y que así como lo habían creado, ahora lo destruían.
  4. Comunidad y colectividad como horizonte. Al hablar de la muerte de Galeano, el Sup contó cómo los habitantes en La Realidad, en el dolor y la rabia, le pedían a su compañero y maestro, con sus silencios y sus susurros, que no se fuera. Y en su relato reveló un detalle de gran importancia: a las y los zapatistas, su dolor y su rabia no les impiden escuchar. Aclaró que, así como es necesario aprender a dirigir la mirada, la escucha debiera encontrar el rumbo que la hiciera fértil. ¡Escucha fértil! Aún padeciendo los propios, ellos escuchan otros dolores y otras rabias. Entonces evocó a 47 personas que han sido encarceladas, desaparecidas o asesinadas en México y en otras partes del mundo, por luchar desde su trinchera particular por un mundo más justo. También nombró dos conjuntos que cada día aumentan su número en todas partes: los migrantes y los presos. Fue durante la lectura de esa larga lista, en la evocación de nuestros muertos, que las lágrimas de las y los escuchas resbalaron por sus rostros para caer y mezclarse con la tierra que pisaban; la rabia y el dolor de todas y todos se evidenciaron una vez más, compartidos, por todas y todos aquellos muertos injustamente, aquéllos que el sistema cree que nadie llora, recuerda o de quienes no se reivindica la vida.

Fue entonces que vino el tema el de la «justicia grande». Mencionó que ésta tiene que ver con el compa Galeano enterrado, con la búsqueda paciente y porfiada de la verdad. Y para encontrarla, el que hablaba dijo que: «nosotros nos preguntamos, no qué hacemos con su muerte, sino qué debemos hacer con su vida». ¡Justicia grande: restituir la vida a los muertos por luchar! Repitiendo palabras del Subcomandante Moisés, reiteró que al asesinar a Galeano o a cualquiera de los zapatistas, los de arriba querían asesinar al EZLN, al rebelde que levanta la vida donde ellos desean la muerte de la tierra. Y aclaró que como Comandancia General del EZLN estaban ahí para desenterrarlo y engañar a la muerte, entregándole sólo un nombre, un holograma, para que Galeano pudiera vivir y seguir enseñándonos lo básico del zapatismo: no venderse, no rendirse y no claudicar. Fue así que Marcos, el personaje, declaró el cese de su existencia, indicando la hora y el lugar, diciendo que por su voz ya no hablaría más el EZLN. Tras las acostumbradas posdatas, Marcos y los comandantes y comandantas abandonaron el templete. Un minuto después, por el sonido se escuchó:

—Buenas madrugadas tengan compañeras y compañeros. Mi nombre es Galeano, Subcomandante Insurgente Galeano. ¿Alguien más se llama Galeano?
—¡Yo me llamo Galeano! —gritó con el puño en alto el Subcomandante Moisés.
—¡Yo me llamo Galeano! —secundaron otras voces, entre la gente.
—¡Todos somos Galeano! —expresó enérgicamente el conjunto de los presentes.
—Tras que por eso me dijeron que cuando volviera a nacer, lo haría en colectivo. Sea pues. Buen viaje. Cuídense, cuídenos. Desde la montañas del sureste mexicano, Subcomandante Insurgente Galeano —concluyó el orador.

La amenaza de lluvia, que se mantuvo latente durante toda la conferencia de prensa, se cumplió puntualmente al término del evento y comenzó a caer con toda su fuerza después de la última declaración colectiva. Como uno más de los elementos que dibujaron las metáforas de la noche, la tierra de La Realidad se fue encharcando rápidamente mientras los asistentes se dispersaron a reflexionar lo vivido, en lo individual y en pequeños grupos.

Falta lo que falta

Hace veinte años, el proyecto neoliberal adoptado por la clase política mexicana dibujaba un horizonte de muerte y destrucción. Aunada a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la economía campesina había sido expresamente desmantelada para despejar las tierras «improductivas» y abrir el camino al latifundio moderno, a las represas, a los ejes carreteros y a los parques naturales sembrados de minas. Con la modificación al artículo 27 constitucional que autorizó la alienación de la propiedad social en el agro mexicano (para convertir los ejidos y comunidades en propiedad privada), no sólo se puso al territorio nacional en bandeja de plata –con la ley minera de 1992–, sino que se marcó un alto definitivo a una de las más grandes aspiraciones de los campesinos: la repartición equitativa de la tierra a manos de quienes la trabajan. En suma, las condiciones para una nueva fase de acumulación por despojo estaban dadas.

Sin embargo, el cóctel llamado “liberalismo social” resultó indigesto, y desde el rincón más pobre y olvidado de México, el EZLN vino a cuartear la ilusión de progreso fabricada con el dinero de la venta del país por el gobierno salinista. La irrupción de un ejército indígena dispuesto a ejercer el derecho a la violencia legítima, hizo patente la rebeldía centenaria de los pueblos mayas en su lucha por sobrevivir ante el colonialismo. Conscientes de que librarían una larga y ardua batalla contra el imperialismo, decidieron convocar a los pueblos indios de México y a toda la gente humilde, honesta y sencilla, para que se sumaran en este esfuerzo por la humanidad y contra el neoliberalismo.

La lucha zapatista ha logrado importantes objetivos en torno a las condiciones de vida de las comunidades y su desarrollo político autonómico. Es incuantificable el valor de la dignidad rebelde que trasluce en la mirada firme del miliciano o en el doloroso susurro del zapatista que —en voz del holograma desvaneciente— «construye y levanta vida donde ellos, los de arriba, desean el páramo de las industrias mineras, petroleras, turísticas, la muerte de la tierra y de quienes la habitan y trabajan».

Y es que a veinte años del levantamiento, aún sin la prominente figura de Marcos, todavía falta lo que falta. Más allá de hacer explícita la plena dirección indígena y comunitaria del EZLN, el renacimiento colectivo de Galeano resulta un renovado llamado a la resistencia –tal vez a la ofensiva– frente a un sistema que sigue asesinando a los pobres, a los que todavía no han nacido, a dirigentes indígenas que osan defender sus territorios ancestrales (como en Ostula), a campesinos que no han abandonado sus tierras a pesar del programa de destierro, a los comuneros de Cherán, a las hijas y a las madres que buscan a sus hijas. Las venas abiertas por la minería a lo largo y ancho de América Latina son apenas un botón de muestra de lo que nos espera en esta guerra de conquista por las selvas, los fondos marinos y hasta los territorios más ínfimos de la biología.

Detrás de nosotros estamos ustedes.

De algún modo, el acto del 24 de mayo nos recuerda que la batalla contra el desierto capitalista y el caos apenas comienza. Sin embargo, lo que llegaron a difundir periodistas y editores con muy poca capacidad de discernimiento –o con intenciones claras de vender y manipular– resulta hilarante. Los portales comenzaron a difundir que «Marcos se jubila», «Se cambia el nombre», «Tira la toalla». Contrario a esta serie de interpretaciones, nosotros advertimos el encargo de un relevo más, que para los de abajo resulta el desafío central de nuestros tiempos: la puesta de acuerdo en colectivo, desde la horizontalidad, para andar el camino de la lucha, sin líderes ni caudillos. El florecimiento de un Galeano en cada una o uno, que se empeñe con firme compromiso y claridad, en luchar por defender y cultivar la vida y caminar hacia la libertad.

La despedida del Subcomandante Marcos no debería acongojar los corazones de quienes, de una u otra forma, se sienten cercanos a la lucha zapatista. Con su partida y muerte simbólica –porque «no se va quien nunca estuvo, ni muere quien no ha vivido»– la colectividad zapatista ganó la batalla contra el individualismo de la historia. La desaparición de la figura deliberadamente más visible del EZLN marca pues la más grande de sus consolidaciones.