Carta abierta del maestro Filo al maestro Galeano

Maestro Galeano
Maestro de la escuelita la Libertad según l@s Zapatistas
La Realidad, Chiapas, México.

Estimado colega y compañero.

Le envío la presente para saludarle, abrazarle y compartirle un poema y una reflexión acerca del destino después de la muerte. Con ellos, pretendo explicar un poco el sentido de una pintura guadalupana que ahora en la Realidad a ustedes, los zapatistas, las zapatistas, acompaña.

Verá, hace apenas unos días, el 24 de mayo del 2014 para ser preciso, tuve el honor de estar en su pueblo de usted, la Realidad, en el suroriental estado de Chiapas.

Mucho vi y escuché en el transcurso de aquel día, de aquella noche; acerca de la muerte y la guerra, pero más acerca de la lucha, la resistencia, la dignidad y la vida.

Pude constatar en persona que usted está más vivo que muerto.

Admiro y respeto la concepción que de la vida y la muerte tienen ustedes, los zapatistas, las zapatistas; indudablemente viene de las raíces más antiguas del mundo maya.

Aquí en mi pueblo, mi realidad, Santa Clara Huitziltepec, es costumbre que cuando alguien muere, se le lleve a la familia un presente, una ofrenda: maíz, frijol, veladoras, flores.

Sepa que para el homenaje en su honor llevé, a nombre de la EAEZ, una humilde ofrenda para su familia, o sea para su pueblo.

Ya cuando estaba oscureciendo, entre la luz y la sombra, después de visitar su solar y la tumba que hizo las veces de nacimiento (así le decimos por aquí a la representación artística de un recién nacido y su entorno), procedí a entregarla a la Junta de Buen Gobierno Hacia la Esperanza, Caracol 1, Madre de los Caracoles Mar de Nuestros Sueños.

Nuestra ofrenda es una sencilla pintura guadalupana pintada sobre manta.

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No tiene gran valor material, pero lo que la hace invaluable es que representa la antigua cosmovisión náhuatl, cultura de la cual los actuales habitantes de Huitziltepec, en la Mixteca poblana, somos originarios.

Déjeme comentarle que aquí en la cabecera municipal de Huitziltepec, ese mismo día, alumnos y alumnas de la EAEZ participaron en el homenaje en su honor.

De 9 de la mañana a las 3 de la tarde, colocaron una pancarta ante el edificio de la presidencia municipal. Repartieron cientos de volantes a personas que por ahí transitaban, a pie y en vehículo; también se hizo repartidera en el tianguis sabatino.

Los jóvenes que llevaron a cabo esta acción, 2 hombres con pasamontañas y dos mujeres con paliacate en el rostro, los 4 originarios de Huitziltepec, dialogaron sobre el asunto con muchas personas.

También colocaron un altar, lo que le dio al acto político un alto sentido espiritual; sobre un petate de colores (de esos que se usan en Día de Muertos) colocaron flores, una veladora y la pintura guadalupana que expresa que hasta la Madre dice: ¡Ya basta! Todo el tiempo estuvo presente una corresponsal de nuestro periódico escolar el Yacoñooy.

O sea que ese día estuvimos, como EAEZ, en la Realidad y en nuestra realidad. Aquí le comparto un video para que lo mire nuestra pequeña acción:

En fin, que sé que debería empezar por presentarme pero, alrrevesado como soy, lo haré al final.

El poema en cuestión es un iknokuicatl, o sea un canto de tristeza:

Moztla…
Keman nehuatl nionmiquiz
Arno keman ximokuezo.
Nican…
Okzepa nikan niohualaz
Kualtzin huitzitzilin Nimokuepaz.

Zoatzin…
Keman tikonitaz tanatiu
Ika moyolo xionpaki,
Ompa…
Ompa niyetoz ihuan totahtzin
kualtzin tlahuili nimitzmakaz,
kualtzin tlahuili nimitzmakaz,
kualtzin tlahuili nimitzmakaz…

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Mañana,
cuando yo muera,
no quiero que estés triste.
Porque a este lugar,
aquí voy a regresar,
convertido en un bonito colibrí.

Así que, Mujer,
cuando mires al sol,
que tu corazón se alegre.
Porque desde allí,
cuando esté al lado de nuestro padre el Sol,
te enviaré buenos rayos de luz,
te enviaré buenos rayos de luz,
te enviaré buenos rayos de luz…

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Compañero Galeano, ahora subcomandante del EZLN, en el mundo náhuatl el destino después de la muerte no depende de si se porta uno bien o mal en la vida, es decir, no existen el cielo ni el infierno.

El destino náhuatl después de la muerte depende más bien de la forma en la que se muere uno.

Esta antigua cosmovisión náhuatl no es cosa del pasado.

Actualmente, en mi pueblo, el Día de Muertos se celebra durante varios días, a finales de octubre y principios de noviembre. Un día está dedicado a los que murieron de recién nacidos y niños, otro a los que murieron en un accidente, otro a los que murieron ahogados, otro a los que murieron ya de adultos.

Y para nombrarlos y recordarlos les ponemos una su ofrenda. Lo hemos hecho durante muchos siglos, a pesar de la violenta conquista espiritual llegada desde España.

En el antiguo mundo náhuatl, quienes morían de muerte natural, de enfermedad o vejez, tenían como destino el Miktlan, las profundidades terrestres,lugar de quietud, silencio y oscuridad; el vientre de Tonantzin, nuestra venerada Madre, la Tierra.

Quienes morían por alguna causa relacionada con el agua, se iban al Tlalokan, el paraíso de Tlalok, la fuerza de la lluvia. Los recién nacidos tenían como destino el Chichikiahuitl, el Árbol de las Chichis, o sea de los senos que colgaban como frutos, de los cuales eran amamantados.

Pero los guerreros y guerreras, quienes morían en la lucha luchando, alcanzaban el destino más elevado, el de acompañar a Totahtzin, nuestro venerado Padre, el Sol.

Tonantzin y Totahtzin, representan en náhuatl el concepto de Ometeotl, la eterna dualidad: lo masculino y lo femenino, la oscuridad y la luz, la noche y el día, el fin y el principio, la muerte y la vida.

Y es que esa pintura guadalupana que les llevamos hasta la Realidad representa precisamente esa dualidad: nuestra venerada madre Tierra, nuestro venerado padre Sol; lo que somos, lo que seremos.

Ella, Tonantzin, la madre más primera, la Tierra; la madre generosa que a todos alimenta y a la que al morir regresaremos; a la que el Capitalismo está matando, devastando, contaminando y destruyendo; a la que hemos prometido cuidar y defender hasta morir si es preciso; exige JUSTICIA .

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Muchos símbolos sagrados de la cultura náhuatl guarda esa sencilla pintura guadalupana que ahora es de ustedes, su guardiana: el Nahui Ollin, la era actual; los 4 rumbos del Universo y el centro; el antiguo calendario; las flores preciosas; las 2 serpientes de cascabel cuyas cabezas se encuentran frente a frente, símbolo del CNI.

En fin que, si me lo permite, ya en otra oportunidad le compartiré acerca de mi realidad; como usted generosamente lo hizo con su Realidad. Ya para despedirme, por esta ocasión, permítame presentarme.

Yo soy el maestro Filo Zitlalxochitzin, de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata.

Déjeme confesarle que al llegar al Caracol de la Realidad, pensé que iba yo a tener problema para entrar, pero no hubo ninguno. Es que no llevé identificación oficial; y no es que se me haya olvidado, es que no tengo ninguna.

No está para saberlo pero allá en 2001, cuando se dio la contrarreforma indígena por parte del mal gobierno, o sea la traición a los acuerdos de San Andrés, yo me indigné.

Pero solo, sin organización, sin compañeros ni compañeras, me preguntaba qué podía hacer un ser humano ante tamaña injusticia.

Yo mismo me respondí que lo único que me quedaba por hacer era negarme a cooperar y colaborar con el Estado mexicano, desconociéndole autoridad y legitimidad alguna.

Nuestra ley, la de los pueblos indígenas en lucha y en resistencia, son los Acuerdos de San Andrés; lo sé, lo sabemos.

Así que el 16 de junio de ese año procedí a quemar todos los documentos que me amparaban como ciudadano mexicano: credencial para votar, pasaporte, acta de nacimiento, cartilla militar…

Desde entonces, y de eso pronto se cumplirán 13 años, soy un don Nadie, vivo así nomas, sin papeles, como indocumentado. Sin trabajar para un patrón, sin recibir salario alguno; un pinche muerto de hambre, como me han llamado algunos aquí en mi pueblo.

En la EAEZ doy clases gratuitas, públicas y científicas.

Como individuo soy adherente a la Sexta.

Como el corazón olvidado de Huitziltepec que somos, el colectivo de hombres y mujeres que conformamos la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, somos integrantes del Congreso Nacional Indígena.

Usted, ustedes, los zapatistas, las zapatistas, son nuestros compañeros y compañeras.

Bueno, es todo por ahora. No me despido pues, como compañeros y colegas que somos, espero sigamos compartiendo nuestras realidades.

Respetuosamente

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Maestro Filo Z.
Maestro de la EAEZ
escuela_autonoma_ez@hotmail.com

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